Categoría: Literatura

La cólera de Aquiles

Historia de la Humanidad
llena de sangre, venganza,
son los temas desde siempre
junto la guerra, batalla,
mezcla cólera y la rabia
de Homero en esta la Iliada,
hasta peste van y tragan.

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Limonada y menta una tarde de verano

TARDES DE LIMONADA CON HOJAS DE MENTA

Era una receta heredada de la familia materna. La bisabuela Consuelo era la mente brillante detrás de algo muy simple, una especie de ritual que marcaba para todos los primos, el inicio oficial del verano y hacía más llevadero el calor. Ese de Madrid, que a mediados de julio ronda siempre los temidos “hoy pasamos de 42 grados, permanezcan hidratados y a la sombra”. Las proporciones exactas para hacer la limonada estaban escritas en una hoja en forma de corazón pegada a la nevera. El  imán que la sostenía, era un recuerdo dudoso,  una alpargata que decía Ibiza For Ever que alguno de los primos se trajo de un fin de semana de desmadre en la isla. Sabíamos, que el gran secreto era el mimo con el que nuestra amada Consu llenaba la enorme jarra de vidrio. Limón muy maduro recién exprimido, mezclado con agua de la de verdad, del manantial del pueblo de las garrafas apiladas detrás de la puerta de la despensa. El azúcar marrón de caña, decían que era auténtica de Cuba. A la bisabuela se la traía un marinero con tatuajes en los fornidos brazos, que de vez en cuando la visitaba cuando pasaba por la capital. Era del pueblo gallego de Consu y a mí me encantaba ver esos biceps coloridos, llenos de diseños toscos. Mi favorito era el dibujo una sirena pechugona de color verde musgo y escamas escarlatas. Seguir leyendo...

Desayuno Inspiracional

Saboreo mi coca cola light, con mucho, mucho hielo y sin limón disfrutando del momento. Estiro los brazos por delante y me desperezo, dispuesta a concentrarme delante del ordenador. Estoy desayunando en mi lugar preferido, Pan Comido. Un sitio muy cuco en la esquina de mi calle, de mesas alargadas con la madera envejecida, estilo bistrot francés. La barra está llena de cestas de mimbre con panes de todos los estilos, centeno, espelta, olivas, hogazas, baguettes, todo rebosante, hay tanta variedad que cuesta elegir. Una cafetera truena cada vez que machaca los granos y desprende un aroma a campo, especiado, cálido y envolvente. Simona, alta, espigada y con su acento rumano, acaba de servirme unas tostadas integrales de aspecto crujiente con tomate y aceite. El pan es de esos ecológicos, de levadura madre. Se adapta a mi forma de vida, de pensar entre ecologista, vegetariana y de amor por el planeta, de respeto a los animales. Y me pongo a teclear. Teclear y teclear. Hoy es el día en que comienza mi novela. Ese sueño que ha estado latente, en mi imaginación, esperando a cobrar forma en este plano de la realidad, en lo cotidiano. Ya no puedo retrasarlo más. El propósito de los deseos es hacernos felices y poder sentirnos realizados. Y hoy, estoy dispuesta a que eso suceda. ¡Gracias a las musas por su inspiración! Seguir leyendo...

Con los cinco sentidos

Está a 37 grados. Ella sumerge los pies en el agua rosada y deja que todo su cuerpo se relaje, suspira, cierra los ojos y se estremece un poquito, es muy leve como un ligero temblor que asciende hasta la nuca y siente placer. Mucho placer. Nota el cosquilleo de la sal al mover los pies de lado a lado y sonríe al morderse el labio. Es uno de sus ticks que sucede cuando está a gusto, mordisquea ligeramente el labio inferior la parte más carnosa y luego se pasa la lengua por esa zona, como para calmar el flujo de sangre que produce la presión de los dientes. Suspira ahora con más calma y se estira los mechones rubios que forman un abundante flequillo, le gusta ese corte de pelo, enmarca y resalta el verde dorado de sus ojos, verde esmeralda o verde musgo, depende de la luz, se ríe en alto y pronuncia una frase; ¡Pero qué coqueta soy! Y con un gesto lento se enrolla la melena que roza los hombros para formar un moño perfecto, alto y lo sujeta con una pinza ancha y dorada. ¡Un poco coqueta, sí que soy! Se dice, mientras mira la mano derecha y la llama la atención lo perfectas que tiene las uñas, ese tono “rojo cereza” es atractivo, es sensual, extiende la mano y suspendida en el aire, vuelve a admirar la perfección de las uñas cortas. Sus manos son pequeñas con dedos finos. Acompañan a un cuerpo  delgado pero con curvas bien pronunciadas, ahora se observa, le gusta estar desnuda sentada esperando, contando los segundos para hacerlo. ¡Ha llegado el momento! Seguir leyendo...

Othello

Othello mira el trasportín para gatos y después a mí. Por experiencias anteriores sabe que va a acabar en el veterinario o en la casa de verano en la playa. Sin duda, cualquiera de las dos situaciones perturbaría su paz matutina. La bolsa de viaje es confortable, mullidita por dentro, ligera, con unos agujeros simétricos para que transpire, la mejor del mercado representada por dos grandes letras entrecruzadas L.V. A Othello la calidad poco le importa. Decide hacer patente su descontento con unos maullidos agudos, penetrantes, continuos, acompañados del pelo negro erizado como un puercoespín y eso que, normalmente, es una pelotita suave, sedosa que da gusto achuchar. Él, que estaba tan feliz enrollado junto al radiador sobre el sofá de terciopelo azul, calentito y arropado, se anticipa ahora a algo, no sabe qué es, pero desagradable, seguro. Con sus uñas traseras intenta escapar de mis brazos las clava en mi falda para impulsarse y huir pero ya me conozco el truco, así que agarro al pobrecito del cuello, bloqueo con la mano izquierda sus patas y adentro que va. Seguir leyendo...

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